miércoles, 13 de abril de 2016

La muerte del último costarricense

¿Es que acaso y quedan aún costarricenses con dos pelotas entre sus piernas? ¡Pues tal parece que no! Y nuestros abuelos, aquellos costarricenses de hueso colorado, los mismos que fueron y entregaron sus restos en la frontera norte durante la Gesta Heroica de 1856, en las Batallas de Santa Rosa, Sardinal, la Trinidad, en la toma de la Vía del Tránsito o en Rivas, han sido completamente humillados, sus memorias, han sido manchadas con la bandera blanca del fundamentalismo pacifista, imperante en esta desmoronada Costa Rica.

La juventud actual,  resulta ser una deshonra total para aquellos valientes hombres del “Espíritu del 56”, los mismos que hoy día si pudiesen levantarse de sus tumbas, escupirían en nuestros rostros y nos gritarían: ¿Y acaso por pendejos como tú, yo entregue mi vida? Y sí señores, bien merecido que nos lo tendríamos, por que aquellos hombres y mujeres, que han marchado desde el Valle Central  para abrazar a la muerte en la vieja Moracia y más allá de nuestras fronteras, nos han heredado nuestra “libertad”,  pagando incluso con el precio de su propia sangre; claro, que libertad entrecomillado, porque aquellos traidores que han fusilado a uno de nuestros más grandes héroes nacionales, don Juan Rafael Mora Porras, han persistido en el poder desde su fusilamiento, son los mismos que se encargaron de eclipsarlo durante más de un siglo, y aún hoy día, carece del reconocimiento del valor, de su mérito durante aquella guerra y van otorgando las glorias para aquel mentado Juan, el uno de tantos o el héroe ficticio.

 ¿Existe lógica alguna en desvalorizar a un estratega militar y exaltar a un soldado? ¡Un soldado no gana la guerra, la gana un ejército y el ejército es dirigido por un estratega!
Pues tal parece, y esta juventud costarricense actual no tiene ni la más mínima idea de la sangre que corre por sus venas, de la gloria y el honor adquirido por nuestros ancestros y heredado a su progenie… ¡Esos mismos, somos nosotros! Los descendientes de aquellos hombres que frenaron con las armas al gran monstruo imperialista y su Destino Manifiesto, el mismo que hoy día domina al mundo, pero inteligentemente cambio de estrategia y nos somete bajo el yugo de su sistema económico internacional.

Repudio debe de expresar, todo verdadero costarricense ante estos malandrines que se burlan de la memoria de nuestra estirpe, de nuestra identidad y de nuestra historia, cuando hoy día entre éstas masas de borregos es aburrido, vergonzoso o “fuera de moda”, preocuparse por saber de dónde venimos y cuales han sido los hechos, que han moldeado la identidad de nuestro pueblo, cuando la prioridad de estos medrosos parásitos son sus luchas en las redes sociales, esperar el partido de fútbol cada domingo desplazando las prioridades nacionales, sentirse un chico “cool” que está a la moda en sus bares, con las drogas del sistema y terminando la noche con cualquier ignara atolondrada para ir por la vida jugando al casanova.

Esto es lo que nosotros despreciamos, porque el orgullo del costarricense está tan oculto como el gran lucero antes del alba, porque nuestros ancestros cuando las palabras ya no daban más, tomaban la razón de la fuerza y no se echaban a lloriquear, porque cuando alguien quiso invadirnos tuvo que salir huyendo por su vida y con la cabeza abajo, para después contar que aquel pueblo indómito de Costa Rica, no eran iguales a los demás centroamericanos, que ellos no sabían que era ceder y preferían morir antes que ser esclavos, eso era Costa Rica, aquellos eran los costarricenses, no la horda de pusilánimes que habitan hoy día esta tierra;  ésta tierra que es invadida por los inmigrantes nicaragüenses  desde finales de los años setenta, donde nuestros barrios son tomados por pandillas caribeñas para la distribución de sus drogas, donde se le da prioridad a los inmigrantes por aquello que llaman “Derechos Humanos” y los de casa somos marginados, donde hoy miércoles 13 de abril, más de 1000 inmigrantes africanos y cubanos transgredieron nuestra soberanía, humillaron y se burlaron de nuestro pueblo,  perpetraron  nuestras fronteras tal  “como Pedro entra por su casa” y encima de ello llegan a exigir lo inexigible.

Por esto y  muchos problemas más, se reconoce fácilmente que vivimos en un país donde su sistema de gobierno es completamente inoperante  y que su pueblo es cómplice al quedarse de brazos cruzados, o hacer su lucha desde la trinchera de su escritorio y en el peligroso campo de batalla que se encuentra en la redes sociales, donde se denota el nauseabundo doblemoralismo del tiquillo promedio, que en tanto le incomode, ha de criticar, pero en tanto que no, ha de abrigarse bajo el despreciable manto de su moralismo.
                                                          
                ¡Libre, social, nacional! ¡La lucha está en las calles!


                                   Costa Rica, 13/4/16 


No hay comentarios:

Publicar un comentario